El viaje

Estoy en el control de seguridad del Aeropuerto y siento más nervios que el año pasado. Se supone que cuanto más tiempo llevas haciendo algo más lo controlas pero en mi caso no es así. Hace once años que viajo a México para celebrar allí las festividades en honor a los muertos  y cada año que pasa siento más nervios.

Siempre viajo con la misma mochila y llevo puesta la misma ropa. La fiesta de los muertos es un gran ritual. El paso de la vida a la muerte convertido en una fiesta popular.  Es una tradición y yo quiero seguir mi propio hábito; cada año viajo el día 28 de Octubre por la mañana y regreso a Madrid el día 5 de Noviembre por la tarde. Con la misma mochila y la misma ropa.  Paso el control  canturreando la canción que me enseño Gabriela, una  niña de siete años de Zacatecas, “el muerto pide camote, sino se le cae el bigote. La viuda pide una ayuda, para su pobre criatura. Esta casa está bendita porque sí nos dieron comidita”.

Una vez pasado  el control me dirijo al lavabo que está bajando las escaleras a la izquierda  y me refresco la cara. Subo al APM  (el tren automático subterráneo) y  me quedo de pie en el vagón más cercano a la cabina. Al bajar busco la puerta de embarque. Este año es la U23. Compro una cerveza y un bocadillo de jamón y después buscó una televisión para comer mientras veo las noticias. Es mi ritual antes de meterme en el avión durante once horas y media.

Y otra vez podré volar. Podré celebrar mi propio ritual, hacer mi propia ofrenda, cómo los últimos once años.

La niña de este año se llamaba Frida.  Veo en la televisión a sus padres, llorando desesperados, qué por favor le devuelvan a su pequeña, qué es una niña muy buena, qué sólo tiene tres años qué qué qué… las mismas frases de cada año dichas por otras caras. Me aburren. La gente no lo comprende. Esas niñas están mejor conmigo. Desde ahora será inmortal. Yo llevo su calavera para entregarla al ritual, a la fiesta. Y de esta manera serán parte de la vida y parte de la muerte.  Frida será eterna, gracias a mí.  ¿Y qué más se puede pedir? 

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